Desobedeciendo las máximas del periodismo actual, que establecen que la información debe ser inmediata, me dispuse a postear esta añeja crónica de tan solo cinco días de antiguedad. A riesgo de caer bajo el dedo acusador de Pablo Cheb Terrab, tomé las riendas de mi alborotada empresa y empecé a escribir sin miramientos.
El domingo 21 de noviembre las 19:10 se vivió un partido clave para el desarrollo del torneo argentino. Vélez, con 30 puntos, era potencial puntero del torneo y visitaba a Gimnasia de la Plata. Las malas lenguas indicaban que Gimnasia se dejaría perder para perjudicar a Estudiantes.
La mayoría de las miradas estaban puestas en Santiago Silva, el charrúa que más se hace notar en el fútbol argentino. El delantero llegaba como goleador del torneo junto al Burrito Martínez, su compañero en el ataque velezano.
Los desvaríos de la AFA para confeccionar el fixture depositaron a Vélez en el último horario del domingo, a jugar con la presión de saber que Estudiantes ya había ganado su partido el sábado. De no obtener la victoria el elenco dirigido por Ricardo Gareca resignaría la punta del Apertura 2010 argentino.
El artillero uruguayo apareció con su dantesco perfil en la cancha de Gimnasia, su ex equipo. Desde la tribuna local hubo una tibia bienvenida. La mayoría de la parcialidad se mostró indiferente, se escucharon algunos aplausos y, como siempre que un jugador retorna a un club de su pasado, algunos murmullos.
"No se te ocurra meterla hoy", advertía un hombre que parecía carcomido por los años, mientras se hamacaba en el alambrado del estadio del Bosque. Un individuo en cuero miraba para la tribuna dándole la espalda a la cancha, al tiempo que se tomaba la panza, quizás porque el tradicional chori de cada domingo le había caído mal.
Cuando el partido comenzó se pudo percibir cierto nerviosismo en el pelado goleador y en todo el conjunto velezano. A pesar de que en los primeros minutos Vélez parecía llevarse por delante a Gimnasia, el correr de los minutos llenó de impaciencia a los de Liniers.
Santiago Silva encaraba a la defensa local con garra y un optimismo a prueba de balas de cañón. La clásica vena, que toma protagonismo en su calvo cuero cabelludo cuando las cosas no salen, estaba a punto de estallar. La cara de asesino serial y los dientes apretados evidenciaban la concentración que Silva depositaba en cada jugada
El delantero ensayó varias piruetas en busca del ansiado gol. Una defectuosa chilena deposito la pelota un par de metros por arriba del travesaño, en una de esas acrobacias que dan gracia pero que si se transforman en gol dejan estupefacto al público presente. Desde el paravalanchas de la tribuna local, conocida como "la del Bosque", se escuchó una risueña acotación: "Desde cuando te sale eso".
Sobre los 27 minutos del segundo tiempo Silva bajó unos metros para robar la pelota y fabricar su propia situación de peligro. Pero el incisivo delantero quedó clavado como una estaca al ver que, otra vez, su disparo pasaba por encima del horizontal.
Minutos más tarde Jonathan Cristaldo envió un centro por encima del arquero Fernando Monetti. Silva se lanzó heroicamente en busca del esférico pero un oportuno rechazo de Pablo Fontanello salvo a Gimnasia. El charrúa quedó tendido contra las cuerdas en el fondo de la red, por la vehemencia con la que fue a buscar la pelota. El partido terminó 0 a 0. El pintoresco personaje del ataque velezano dio respiro a las redes, al menos por esta fecha.
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viernes, 26 de noviembre de 2010
Demasiada presión
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martes, 23 de noviembre de 2010
Mordíscon chronicles
El partido estaba caldeado. Ajax y PSV Eindhoven estaban 0-0 por la Eredivise. No era un show para nada vistoso. El elenco de Luis Suárez estaba alejándose de la punta en la Liga holandesa.
Al minuto 86 Suárez recibió un hachazo cerca del corner rival. El uruguayo se quejó enfáticamente con el juez de línea y recriminó la falta a su rival, que se encontraba en el suelo. Cuando se tranquilizó Suárez se dispuso a atarse los cordones. No obstante el marroquí Otman Bakkal se acercó a la posición del 16 del Ajax para pisarle el botín desafiantemente. Suárez entró en el juego como un purrete de 8 años.
Faltaba sólo un minuto de juego, cuando el sueco Rasmus Lindgren de Ajax le aplicó un duro correctivo a Ibrahim Afellay. Los jugadores de PSV se agolparon para increpar a Lindgren y enseguida el árbitro del partido le mostró la tarjeta roja. El blondo jugador del Ajax se retiró fastidioso del campo de juego.
Mientras Lindgren se alejaba, en medio del campo se generó una revuelta en la que participaron jugadores de ambos equipos. Luis Suárez apareció en escena enardecido agitando los brazos. En ese momento el delantero charrúa hizo lo inesperado. Cual Bela Lugosi le propinó a Otman Bakkal un mordiscón cerca de la clavícula, que le dejó toda la zona colorada.
Bakkal Incrédulo dejó escapar una tímida mueca de felicidad. Mientras se reía, por vergüenza ajena o por haber logrado su cometido de sacar a Suárez del partido, el marroquí se estiraba el cuello de la camiseta para dejar ver la feroz marca mordisco.
Después del partido Suárez pidió disculpas pero recordó “Que la gente no se olvide que él me provocó al pisarme siete veces”, además el equipo lo sancionó con dos partidos de suspensión y una multa económica.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Un charrúa en el tano
En una tarde gris Claudio Sebatián Flores realiza los movimientos precompetitivos debajo de los tres palos del Sportivo Italiano, que recibe a Barracas Central. El arquero mueve los brazos en círculos, mientras trota el área de punta a punta.
El arquero, que supo conseguir cuatro títulos con Peñarol e integró el plantel del Lanús campeón del 2007, defiende el arco de un club de la Primera B Metropolitana argentina, detrás del cual, no hay tribunas cabeceras. A espaldas del portero uruguayo hay canchas de entrenamiento inundadas, con suficiente agua para que varios pájaros chapoteen en ellas.
A la izquierda del arco donde está posicionado Flores, se encuentra la tribuna local. Desde las gradas, bajan los gritos de aliento para el guardameta, no así, para sus compañeros. En el estadio no hay hinchas visitantes, por una disposición de seguridad del Coprosede que afecta a todas las categorias del ascenso argentino.
El partido se presenta sencillo para los llamados Azzurri, que son dirigidos por Horacio Bongiovanni. Flores tapa un disparo difícil de media distancia con el cuerpo detrás de las manos y sin dar rebote. La hinchada aplaude al arquero uruguayo.
El conjunto dirigido por Bongiovanni se pone en ventaja gracias a un cabezazo de Maxi "El Chueco" Blanco.
Finaliza el primer tiempo. Flores se dirige al vestuario, junto con sus compañeros. A pesar de la victoria parcial el portero mantiene el ceño fruncido y un gesto adusto.
El Sportivo Italiano retorna al campo de juego para disputar la segunda etapa.Ya es de noche y las luces del estadio República de Italia están encendidas. El arquero uruguayo se aproxima al arco contrario al que ocupó en la primera parte.
Con el correr de los primeros minutos los Azzurri comienzan a replegarse, en pos de cuidar la ventaja. Los simpatizantes reprueban el planteo mezquino del equipo. La hinchada agrede al técnico Bongiovanni y a los jugadores de campo. Los insultos, sin embargo, no salpican a Claudio Flores.
Barracas Central ejecuta un tiro libre desde la izquierda. Claudio Flores espera agazapado el envió al área. El centro cae en la cabeza de Luis Avalo, que cabecea a quemarropa. Flores no llega a parar el cabezazo, que se tranforma en el empate de Barracas.
El partido termina igualado.Un poco menos de mil hinchas se retiran en silencio del modesto estadio ubicado en Ezeiza. Mientras se dirige a la salida, un nene le menciona a su padre:"La culpa es de Flores que no sale en los centros".
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